Opinión: 

Cuando los primeros móviles de la policía llegaban habían varios curiosos. Incluso los pasajeros de un ómnibus que pasaba por el lugar se acercaban a las ventanillas para ver lo ocurrido. Algunos de esos pasajeros vieron con claridad de que se trataba y otros no. Pero eso no importó, porque horas después seguramente vieron viralizadas por redes sociales las fotos del siniestro. 

El Periodista gráfico Marcelo Umpiérrez llegó al lugar junto con las ambulancias. En ese momento tomó su camara a una distancia prudente y empezó a hacer su trabajo, siempre evitando los cuerpos de los fallecidos, lo mismo ocurrió con los colegas de Canal 2 de San Carlos, que fueron los primeros en constituirse en el sitio del accidente. 

Pero para todos los que cubrían una de las mayores tragedias del tránsito de los últimos años, fue casi increíble ver lo que estaba ocurriendo a metros de ellos. Una mujer no dejaba de acercarse a los cuerpos de los fallecidos para hacer fotografías con su teléfono celular.  

Horas más tarde y hasta el hartazgo fueron compartidas varias imágenes de lo ocurrido con una crudeza de mal gusto, y no necesariamente fueron las fotos tomadas por esta persona, sino que alguien más también las había realizado.  

No se respetó el dolor de los familiares. 

El debate en cada uno de nosotros, los comunicadores, los ciudadanos que nos encontramos casualmente con este tipo de situaciones, es considerar si mostrar esa clase de imágenes o de videos es conveniente, en qué suman, ¿o es más importante recibir un me gusta, que el dolor de las familias de los fallecidos?.