Edwar Vaz era un profesor de inglés que vivía en un apartamento en la Avenida Lavalleja y calle Solís en Maldonado.
Vaz tenía una ex pareja, Lulukhy Moraes. Con esta mujer, madre de sus dos hijos, mantenía una serie de desavenencias e incluso le estaba reclamando una importante suma de dinero.
Moraes tenía una nueva pareja, Carlos Machado. También la mujer contaba con la complicidad de una amiga, Leticia Giachino. Entre los tres planearon matar a Vaz.
Para esta maniobra pidieron ayuda a dos sicarios. Estos asesinos fueron proporcionados por un sujeto conocido de la nueva pareja de Moraes. Se trata de Matías Guarteche. Este individuo se contactó con Carlos Alejandro Alberti Rodríguez y Raúl Marcelo Barbosa.
Guarteche le dijo a Alberti que tenía que venir a Maldonado para matar a una persona. Le aclaró que tenía que tocar el timbre de la casa, hablar con Vaz y hacerlo salir del apartamento para que Barbosa le disparara. A cambio de esto recibirían dinero.
Pero para concretar la acción necesitaban a un chofer que trasladara a los criminales hasta la casa de Vaz. Para ese rol convocaron a Franco Silveira. Es un hombre que trabajaba en el mantenimiento de una casa ubicada en Beverly Hills, donde residía Moraes. Esa finca se volvió conocida como la casa del sexo por las actividades que allí se llevaban adelante tiempo atrás.
Un día antes del asesinato, Moraes llamó a Silveira para pedirle que realizara un trabajo en la casa y en determinado momento le dijo “el lunes no me falles”, porque iban a llegar a Maldonado dos muchachos para darle un susto a Vaz.
En ese momento la mujer le entregó una caja negra que tenía un celular. Con ese aparato se iban a coordinar las acciones y después lo iban a descartar.
Quienes planeaban el homicidio, pasaron en varias oportunidades frente al edificio donde vivía Vaz, para hacer un trabajo de inteligencia y detectar las cámaras de seguridad de la zona. Incluso manejaron las posibles ubicaciones para hacer cambios de vehículos para la operativa.
El día 9 de Julio del 2018 a la hora 21:00 se concretó la llegada de los sicarios a la Parada 41 de la Mansa, uno venía vestido de saco negro, los traía Guarteche.
Silveira los iba a estar esperando en su auto personal, para llevarlos a la vuelta de la casa de la víctima por calle Solís.
